Muse es un grupo que me gusta mucho y que me dan rachas de escucharles a todas horas, pero nunca les suelo contar entre mis grupos más favoritos pero he de confesar aquí y ahora que el concierto del sábado pasado en Madrid ha sido uno de los mejores de mi vida... y he ido a muchos.
Empiezo con la puesta en escena, ya que es lo primero que aplaudimos. Tres plataformas rectangulares cubiertas por una tela nunca habían dado tanto juego: Imágenes reflejadas, diferentes alturas desde la que nos deleitaban los integrantes del grupo, columna central giratoria. Todo esto combinado con un juego de luces que cambiaba con cada canción hizo del espectáculo algo único que nunca se repetía. Siempre había algo nuevo por descubrir.
No voy a alabar la acústica del Palacio de los Deportes de Madrid, porque cualquiera que haya estado sabe lo bien preparado que está para este tipo de eventos (para mí es el mejor de la capital) así que paso al sonido del grupo: Envidiable. A pesar de tener a 20.000 personas coreando las canciones, podíamos disfrutar de un sonido perfecto donde la increíble voz de Matthew no se perdía entre multitud e instrumentos.
Sí es cierto que el sonido es quizá demasiado similar al de los discos, se echaba de menos algo más de reinterpretación, aportar algo nuevo a las canciones que no podemos disfrutar escuchando los discos, pero no importa... Realmente me parece impresionante y admirable la calidad y precisión del sonido teniendo en cuenta lo elaboradísima y cuidadísima que es la música de Muse. Desde luego, en este aspecto, estuvieron magníficos.
Quizá el mayor pero que tengo del concierto es el lugar desde el que tuve que verlo. Cuando llegamos a la pista, resulta que estaba hasta arriba y habían cerrado el acceso. En mi vida me ha pasado esto (y he estado en varios conciertos con entradas agotadas en el mismo sitio) y al principio no hacía más que despotricar... Pero realmente, viendo lo que se cocía abajo, casi estuvimos más cómodos en las gradas, en las que hay que tener cuidado al saltar para no despeñarte, pero se disfruta mucho igualmente. Eso sí, en algunos momentos intensos, echaba de menos estar pegando botes en el mogollonazo.
También se echó de menos más relación con el público. Un hola Madrid, un par de gracias, un qué tal estáis y un adiós Madrid nos ha gustado veros es todo lo que se atrevieron a hablar.
El setlist fue mejor que bien. Siempre vas a echar de menos algunos títulos y eliminar otros, pero realmente disfruté de arriba a abajo. Empezaron con dos del último disco, dos de mis favoritas: Uprising y Resistance. Resistance es probablemente la mejor del disco para mí y una de las que más disfruto del grupo. New Born es una de las grandes del Origin of Simetry, pero yo aquí me decanto por Cave, tema que han tocado en otros conciertos.
Llegaron entonces los primeros temas del Black Holes and Revelations. Primero Map of the Problematique y el regalo para las crepúsculares con Supermassive Black Hole. Tocaba volver al último disco y lo hicieron con MK Ultra, una estupenda opción segida (tras Riffs e intros) por la grandísima Hysteria. El público se vuelve loco y el suelo retumba. Carne de Gallina.
Después de emocionarnos gritando con United States of Eurasia y de chascar los dedos a ritmo de Feeling Good y las imágenes relajadas de las pantallas, tocaron esos dos temas que me dieron bastante igual (aunque los canté emocionadamente de todas formas) que son: Guiding Light y Undisclosed Desires.
Y aquí empezó el punto de no retorno... una lista de títulos que casi tiran el palacio abajo. Primero a berrido limpio con Starlight seguido del impresionante momento de Plug in Baby donde no había alma que no estuviese votando emocionada (y yo pensando que era la única que amaba esa canción) y después Time is Running Out, con la que casi me vuelvo loca. Alegría incontenida por mi parte cuando empieza a sonar el órgano de Unnatural Selection, una de mis favoritas del nuevo que ya no tenía esperanzas de escuchar después de todas las que habían tocado del disco.
El final fue de traca. Tras la prescindible Exogénesis parte 1, la emoción se elevó hasta puntos inimaginables con Stockholm Syndrome para acabar a lo grandísimo con la fabulosa Knights of Cydonia, durante la cual, he de admitir, me emocioné tantísimo que no sólo se me puso la carne de gallina sino que estuve incluso a punto de soltar una lágrima de felicidad. Así de boba soy, pero no lo puedo evitar. Em youtube hay varios vídeos del concert en Madrid, pero os podéis imaginar la calidad que tienen...
En fin, parece que queda claro que es uno de los conciertos que más me ha llenado a muchos niveles. He estado en conciertos intensos, en conciertos divertidísimos, en conciertos de 45 minutos en éxtasis (Incubus, ¿cuándo vais a volver?) y en conciertos de mis grupos favoritos con todo lo que ello supone. En todos me vuelvo loca siempre pero en este caso ha sido algo especial que realmente se me hace muy difícil expresar. Lo he intentado. Espero haberlo conseguido.




















Me bebería a mi!!! :)











